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CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA

Date post:29-Oct-2015
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CONGREGACIN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADAY LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTLICACAMINAR DESDE CRISTO:UN RENOVADO COMPROMISODE LA VIDA CONSAGRADAEN EL TERCER MILENIOInstruccin

NDICEIntroduccinContemplando el esplendor del rostro de CristoCaminando por las huellas de CristoCinco aos de la Exhortacin ApostlicaVita consecrataCaminar en la esperanzaPrimera ParteLa vida consagrada presencia de la caridad de Cristo en mediode la humanidadUn camino en el tiempoPor la santidad de todo el Pueblo de DiosEn misin por el ReinoDciles al EsprituSegunda parteLa valenta para afrontar las pruebas y los retosDescubrir el sentido y la calidad de la vida consagradaLa funcin de los superiores y de las superiorasLa formacin permanenteLa animacin vocacionalLos caminos formativosAlgunos retos particularesTercera parteLa vida espiritual en el primer lugarCaminar desde CristoContemplar los rostros de CristoLa Palabra de DiosOracin y contemplacinLa Eucarista lugar privilegiado para el encuentro con el SeorEl rostro de Cristo en la pruebaLa espiritualidad de comuninComunin entre carismas antiguos y nuevosEn comunin con los laicosEn comunin con los PastoresCuarta parteTestigos del amorReconocer y servir a CristoEn la imaginacin de la caridadAnunciar el EvangelioServir a la vidaDifundir la verdadLa apertura a los grandes dilogosLos retos actualesMirar hacia adelante y hacia lo alto

INTRODUCCINContemplando el esplendor del rostro de Cristo1. Las personas consagradas, contemplando el rostro crucificado y glorioso1de Cristo y testimoniando su amor en el mundo, acogen con gozo, al inicio del tercer milenio, la urgente invitacin del Santo Padre Juan Pablo II aremar mar adentro: Duc in altum!(Lc5, 4). Estas palabras, repetidas en toda la Iglesia, han suscitado una nueva gran esperanza, han reavivado el deseo de una ms intensa vida evanglica, han abierto de par en par los horizontes del dilogo y de la misin.Quizs nunca como hoyla invitacin de Jess a remar mar adentroaparece como respuesta al drama de la humanidad, vctima del odio y de la muerte. El Espritu Santo acta siempre en la historia y puede sacar de las desdichas humanas un discernimiento de los acontecimientos que se abre al misterio de la misericordia y de la paz entre los hombres. Efectivamente, el Espritu, desde el mismo desconcierto de las naciones, estimula en muchos la nostalgia de un mundo distinto que ya est presente en medio de nosotros. Lo asegura Juan Pablo II a los jvenes cuando los exhorta a ser centinelas de la maana que vigilan, fuertes en la esperanza, en espera de la aurora.2Ciertamente los dramticos sucesos en el mundo de estos ltimos aos han impuesto a los pueblos nuevos y ms fuertes interrogantes que se han aadido a los ya existentes, surgidos en el contexto de una sociedad globalizada, ambivalente en la realidad, en la cual no se han globalizado slo tecnologa y economa, sino tambin inseguridad y miedo, criminalidad y violencia, injusticia y guerras.3En esta situacinel Espritu llama a las personas consagradas a una constante conversinpara dar nueva fuerza a la dimensin proftica de su vocacin. stas, en efecto, llamadas a poner la propia existencia al servicio de la causa del Reino de Dios, dejndolo todo e imitando ms de cerca la forma de vida de Jesucristo, asumen un papel sumamente pedaggico para todo el Pueblo de Dios.4El Santo Padre se ha hecho intrprete de esta esperanza en su Mensaje a los Miembros de la ltima Plenaria de nuestra Congregacin: La Iglesia escribe cuenta con la dedicacin constante de esta multitud elegida de hijos e hijas, con ansias de santidad y con entusiasmo de su servicio, para favorecer y sostener el esfuerzo de todo cristiano hacia la perfeccin y reforzar la solidaria acogida del prjimo, especialmente del ms necesitado. De este modo, se reafirma la presencia vivificante de la caridad de Cristo en medio de los hombres.5Caminando por las huellas de Cristo2. Pero cmo descifrar en el espejo de la historia y en el de la actualidad las huellas y signos del Espritu y lassemillas de la Palabra, presentes hoy como siempre en la vida y en la cultura humana?6Cmo interpretar los signos de los tiempos en una realidad como la nuestra, en la que abundan las zonas de sombra y de misterio? Sucede que el Seor mismo como con los discpulos en el camino de Emas se hace nuestro compaero de viaje y nos da su Espritu. Solo l, presente entre nosotros, puede hacernos comprender plenamente su Palabra y actualizarla, puede iluminar las mentes y encender los corazones.He aqu que yo estoy con vosotros todos los das, hasta el fin del mundo(Mt28, 20). El Seor Resucitado ha permanecido fiel a su promesa. A lo largo de los 2000 aos de historia de la Iglesia, gracias a su Espritu, se ha hecho constantemente presente en ella iluminndole el camino, inundndola de gracia, infundindole la fuerza para vivir siempre con mayor intensidad su palabra y para cumplir la misin de salvacin como sacramento de la unidad de los hombres con Dios y entre ellos mismos.7La vida consagrada, en el continuo desarrollarse y afirmarse en formas siempre nuevas, es ya en s misma una elocuente expresin de esta su presencia, como una especie de Evangelio desplegado durante los siglos. sa aparece en efecto como prolongacin en la historia de una especial presencia del Seor resucitado.8De esta certeza las personas consagradas deben sacar unrenovado impulso, haciendo que sea la fuerza inspiradora de su camino.9La sociedad actual espera ver en ellas el reflejo concreto del obrar de Jess, de su amor por cada persona, sin distincin o adjetivos calificativos. Quiere experimentar que es posible decir con el apstol Pablo esta vida en la carne la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me am hasta entregarse por m (Ga2, 20).Cinco aos de la Exhortacin ApostlicaVita consecrata3. Para ayudar con el discernimiento a hacer siempre ms segura esta particular vocacin y sostener hoy las valientes opciones de testimonio evanglico, la Congregacin para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostlica celebr su Plenaria del 25 al 28 de septiembre de 2001.En 1994 la IX Asamblea ordinaria del Snodo de los Obispos, completando el anlisis de las peculiaridades que caracterizan los estados de vida queridos por el Seor Jess para su Iglesia,10despus de los Snodos dedicados a los laicos y a los presbteros, estudiLa vida consagrada y su misin en la Iglesia y en el mundo. El Santo Padre Juan PabloII, recogiendo las reflexiones y las esperanzas de la Asamblea sinodal, dio a toda la Iglesia la Exhortacin Apostlica postsinodalVita consecrata.Cinco aos despus de la publicacin de este fundamental Documento del magisterio eclesial, nuestro Dicasterio, en laPlenaria, se ha preguntado por la eficacia con que ha sido acogido y llevado a la prctica en el interior de las comunidades y de los institutos y en las Iglesias particulares.La Exhortacin ApostlicaVita consecrataha sabido expresar con claridad y profundidadla dimensin cristolgica y eclesial de la vida consagrada en una perspectiva teolgica trinitariaque ilumina con nueva luz la teologa del seguimiento y de la consagracin, de la vida fraterna en comunidad y de la misin; ha contribuido a crear una nueva mentalidad acerca de su misin en el pueblo de Dios; ha ayudado a las mismas personas consagradas a tomar mayor conciencia de la gracia de la propia vocacin.Es necesario continuar profundizando y llevando a la prctica este documento programtico. Sigue siendo el punto de referencia ms significativo y necesario para guiar el camino de fidelidad y de renovacin de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostlica, y, al mismo tiempo, est abierto para promover perspectivas vlidasde formas nuevas de vida consagrada y de vida evanglica.Caminar en la esperanza4. El Gran Jubileo del ao 2000 ha marcado profundamente la vida de la Iglesia; en l toda la vida consagrada ha estado fuertemente comprometida en todo el mundo. Precedido de una oportuna preparacin, el 2 de febrero de 2000 se celebr en todas las iglesias particulares el Jubileo de la vida consagrada.Al final del Ao Jubilar, para cruzar juntos el umbral del nuevo milenio, el Santo Padre quiso recoger la herencia de las celebraciones jubilares en la Carta apostlicaNovo millennio ineunte. En este texto, con extraordinaria pero no imprevista continuidad, se encuentran algunos temas fundamentales, ya en cierto modo anticipados en la ExhortacinVita consecrata: Cristo centro de la vida de cada cristiano,11la pastoral y la pedagoga de la santidad, su carcter exigente, sualto gradoen la vida cristiana ordinaria,12ladifusa exigencia de espiritualidady de oracin, actuada principalmente en la contemplacin y en la escucha de la Palabra deDios,13la incidencia insustituible de la vida sacramental,14la espiritualidad de comunin15y el testimonio del Amor que se expresaen una nueva fantasa de la caridadhacia el que sufre, hacia el mundo herido y esclavo del odio, en el dilogo ecumnico e interreligioso.16Los Padres de la Plenaria, partiendo de los elementos ya formulados en la Exhortacin Apostlica y colocados por la experiencia del Jubileo de frente a la necesidad de un renovado compromiso de santidad, han puesto en evidencia los interrogantes y las aspiraciones que, en las diversas partes del mundo, las personas consagradas advierten, recogiendo los aspectos ms significativos. Su intencin no ha sido ofrecer otro documento doctrinal, sino ayudar a la vida consagrada a entrar en las grandes indicaciones pastorales del Santo Padre, con la ayuda de su autoridad y de su servicio carismtico a la unidad y a la misin universal de la Iglesia. Un don que va transformado y puesto en prctica con la fidelidad al seguimiento de Cristo segn los consejos evanglicos y con la fuerza de la caridad vivida diariamente en la comunin fraterna y en una generosa espiritualidad apostlica.Las Asambleas especiales del Snodo de los Obispos, con carcter continental, que marcaron la preparacin al Jubileo, se interesaron por la contextual

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