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I Domingo de Adviento - sugerencias para la homilía

Date post: 07-Aug-2018
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  • 8/20/2019 I Domingo de Adviento - sugerencias para la homilía

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    I DOMINGO DE ADVIENTOSUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

    Iglesia del Salvador de Toledo (ESPAÑA)

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    TEXTOS DE LA MISA 

    Introito.-  Salm.24.1-4.- A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; nosea avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; pues cuantos en ti esperan, noquedarán confundidos. Salmo. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tussendas. y. Gloría al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio,

    ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.- A ti, Señor, levanto mi alma.

    Colecta.- Despierta, Señor, tu potencia y ven; para que con tu protecciónmerezcamos ser libres de los peligros que nos amenazan por nuestros pecados, yser salvos con tu gracia. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en unidad delEspíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. R/. Amén.

    Epístola. Rom, 13,11-14.- La primera generación cristiana vivía más que nosotrosen la espera de la vuelta gloriosa del Señor. Ella da a nuestra vida cotidiana toda

    su razón de ser. al prepararnos constantemente para recibirle.Hermanos: Hora es ya de despertar. Ahora está más cerca nuestra salud quecuando empezamos a creer. Ha pasado la noche y llega el día. Desechemos, pues,las obras de las tinieblas, y vistámonos de las armas de la luz. Caminemos, comode día, honestamente: no en glotonerías y embriagueces, ni en sensualidades ydisoluciones, ni en pendencias y envidias; antes bien, revestíos de nuestro SeñorJesucristo.

    Gradual. Salm. 24.3,4.-  Cuantos en ti esperan no quedarán confundidos, Señor.

    V/. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tus sendas.Aleluya. Salm. 84.8.- Aleluya, aleluya. V/. Muéstranos, Señor, tu misericordia ydanos tu Salvador

    Evangelio. Luc.21.25-33.- Las señales precursoras del fin de los tiempos serántambién las de nuestra liberación definitiva y las del advenimiento del reino : «Elmismo Dios estará con ellos; él enjugará las lágrimas de sus ojos. y ya no habrámuerte, ni duelo. ni gemidos, ni dolor, porque todas estas cosas habrán pasado.»

    (Apocalipsis, 21.4.) En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habrá signos en el sol y la luna y lasestrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mary el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que sele viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entoncesverán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuandoempiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».Y les dijo una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuandoveis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando elverano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed queestá cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sinque todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

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    Ofertorio. Salm.24.1-3.-  A ti levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; no seaavergonzado, ni se burlen de mi mis enemigos; pues ninguno de los que en tiesperan, quedará confundido.

    Secreta.- Que estos sagrados misterios, a nosotros, purificados por poderosavirtud, nos hagan llegar más puros, Señor, a ti, que eres su principio. Por nuestro

    Señor.Prefacio de Adviento-Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable,que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso yeterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor; él es, Dios misericordioso y fiel, elSalvador que habías prometido al género humano perdido por el pecado, para quela Verdad instruyese a los ignorantes, la Santidad justificara a los impíos, laFortaleza ayudase a los débiles. Mientras está cerca aquel a quién tú nos envías, -ya viene-, y el día de nuestra liberación ya brilla, llenos de confianza en tuspromesas, nos llenamos de piadosos gozos. Y por eso, con los Ángeles y losArcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejércitocelestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar: 

    O en su defecto, Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo,equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre,omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eresun solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en latrinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, locreemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De

    suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedaden las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cualalaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesande cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...

    Comunión. Salm.84.13.-  EL Señor nos colmará de su benignidad, y nuestra tierradará su fruto.

    Poscomunión.- Recibamos, Señor, tu misericordia en medio de tu templo, para

    que preparemos con los debidos honores la solemnidad venidera de nuestraredención. Por nuestro Señor Jesucristo.

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    TEXTO 1CATENAE AURAE

    "Y habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y se abatirán las nacionesen la tierra, por la confusión del rugido del mar y de las olas; quedando loshombres yertos por el temor y expectación de lo que sobrevendrá a todo eluniverso; porque las virtudes de los cielos se conmoverán, y entonces verán al Hijodel hombre que vendrá sobre una nube con gran poder y majestad". (vv. 25-27)"Cuando comenzaren, pues, a cumplirse estas cosas, mirad y levantad vuestrascabezas, porque cerca está vuestra redención". Y les dijo una semejanza: "Mirad lahiguera y todos los árboles: Cuando ya producen de sí el fruto, entendéis que estácerca el estío. Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, sabed queestá cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación hastaque todas estas cosas sean hechas. El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabrasno pasarán". (vv. 28-33)BedaAnuncia después lo que sucederá cuando se cumpla el tiempo de las naciones,diciendo: "Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas".San AmbrosioEstas señales son expresadas con más claridad por San Mateo de este modo:"Entonces se oscurecerá el sol, no dará luz la luna y caerán del cielo las estrellas"( Lc 24,29 ).San EusebioEntonces, pues, cuando se consuma la vida corruptible, y pase, según el Apóstol,la especie de este mundo y suceda un nuevo siglo en el que en vez de astros

    luminosos brillará Cristo como el lucero y rey de un siglo nuevo, será tanto elbrillo de su poder y de su gloria, que el sol que brilla ahora, y la luna y las demásestrellas, se eclipsarán a la venida de mayor luz.CrisóstomoAsí como en este siglo desaparecen la luna y las estrellas en cuanto sale el sol, asíen la gloriosa aparición de Cristo se oscurecerá el sol y no dará luz la luna, ycaerán las estrellas del cielo, el cual se despojará de su manto primitivo paravestirse otro de luz mucho mejor.San Eusebio

    Manifiesta a continuación lo que sucederá al orbe después que se oscurezcan losastros, y cuál será la angustia de las gentes, diciendo: "Y se abatirán las nacionesen la tierra por la confusión del rugido del mar", etc., en donde parece enseñarque el principio de la trasmutación del universo habrá de venir por la falta de lasustancia húmeda. Esta será, pues, consumida o helada, de modo que no se oiráya el ruido del mar, ni sus olas tocarán la arena a causa de la extremada sequía, ylas demás partes del mundo sufrirán una transformación, no recibiendo ya el vaporque constantemente le enviaba la sustancia húmeda. Y así, como la aparición delSalvador debe combatir los prodigios opuestos a Dios, esto es, el Anticristo,

    tomarán principio sus venganzas de la sequía, de suerte que no se oirá ya latempestad ni el ruido del mar, y entonces será el momento de la angustia de loshombres que sobrevivan. Continúa, pues: "Y los hombres estarán sedientos: esdecir, se consumirán por el temor y la expectación de lo que debe suceder en todo

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    el universo". Manifiesta luego lo que sucederá, diciendo: "Porque las potestades delos cielos se conmoverán".TeofilactusO de otro modo, cuando se trastorne el orbe superior, los elementos inferioressufrirán el mismo trastorno. Así dice: "Y se abatirán las naciones de la tierra", etc.Como si dijera: Bramará terriblemente el mar y la tempestad agitará sus costas,

    de tal suerte que se abatirán los pueblos, esto es, la miseria será común, hastaque se consuman por el temor y la expectación de los males que asaltarán almundo. Y continúa: "Y los hombres se abatirán por el temor y la expectación de loque va a suceder en todo el universo".San Agustín, ad Hesychium epist 80  Pero diréis: estos males nos obligan a reconocer que ha llegado ya el fin, puestoque se cumple lo predicho. Porque es cierto que no hay nación ni lugar que no sehalle hoy en la aflicción y la tribulación. Pero si los males que sufre ahora elgénero humano son indicios ciertos de que ha de venir el Señor, ¿por qué dice elApóstol: "Cuando dijeren: paz y seguridad?" ( 1Tes  5,3). Veamos, pues, si debeentenderse más bien que no se cumplirá de este modo lo predicho en estaspalabras, sino que sucederá cuando la tribulación se extienda sobre la Iglesia, queserá afligida en todo el universo; no sobre los que la afligirán, puesto que ellos sonlos mismos que han de decir: Paz y seguridad. Ahora bien, estos males, que secreen como sumos y extremos, vemos que son comunes a uno y otro reino, al deCristo y al del diablo. Los buenos y los malos los sufren igualmente, y en medio detanta calamidad se entregan por todas partes a escandalosas orgías. ¿Es esto, porventura, amilanarse por el temor, o más bien arder en apetitos de lujuria?Teofiactus

    No sólo temblarán los hombres cuando se altere el mundo, sino que hasta losángeles quedarán pasmados de espanto por tan terribles alteraciones del mundo.Dice, pues: "Porque las virtudes de los cielos se conmoverán".San Gregorio, in evang. hom. 1 ¿Y a qué se llama virtudes de los cielos, sino a los ángeles, dominaciones,principados y potestades? Ellos aparecerán visiblemente a nuestros ojos a lallegada del severo juez, para exigirnos rigurosamente lo que ahora nos pide conmisericordia nuestro invisible Creador.San Eusebio

    Y como el Hijo de Dios ha de venir en gloria y ha de confundir la soberbia tiraníadel hijo del pecado, sirviéndole los ángeles del cielo, se abrirán las puertascerradas en el siglo para que aparezca lo excelso.Crisóstomo, ad Olympian epistola 2 O bien, se conmoverán las fortalezas de los cielos, aunque inconscientes; y al verlas infinitas muchedumbres que se condenan, no podrán estar allí tranquilas.BedaPor esto se dice en el libro de Job que tiemblan las columnas del cielo y seamedrentan a su mandato ( Job  26,11). Y ¿qué sucederá a las tablas, cuando

    tiemblan las columnas? ¿qué no sufrirán los arbustos del desierto cuando el cedrodel paraíso es desgajado?San Eusebio

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    Las potestades de los cielos son las que rigen las partes materiales del universo.Las cuales entonces se conmoverán para adquirir un estado más perfecto, por lotanto, quedarán libres en la nueva vida del servicio que vienen prestando a Diosrespecto de los cuerpos sensibles en cuanto a su estado de corrupción.San Agustín, ut sup Pero el Señor, para que no parezca que exageró todo esto que predijo acerca de

    la aproximación de su segunda venida, lo cual ya acostumbraba a suceder en estemundo antes de su primera venida, y no nos burlemos de lo mucho que todo estoque dijo se lee ya en la historia de los pueblos, creo que debe entenderse mejorrespecto de la Iglesia; pues la Iglesia es el sol, la luna y las estrellas ( Cant 6,9), aquien se ha llamado hermosa como la luna, escogida como el sol, la cual nobrillará entonces por la furiosa persecución.San AmbrosioTambién se oscurecerá la brillante antorcha de la fe por la nube de la perfidiapara muchos que se separen de la religión; porque aquel sol de justicia seaumenta o se disminuye para mí, según mi fe. Y así como en las fases periódicasde la luna, esto es, en las menguantes de cada mes, la luna se oscurece porquetiene la tierra en frente, así la Iglesia santa, cuando se le oponen los vicios de lacarne a la luz del cielo, no puede reflejar el resplandor de la luz divina, de losrayos de Cristo. Y en las persecuciones apaga también el brillo del sol divino elamor de esta vida. Caen también las estrellas, esto es, la gloria del hombre queresplandece, cuando prevalece el furor de la persecución, lo que conviene quesuceda hasta que se llene el número de los elegidos. Así se prueban los buenos yse manifiestan los débiles.San Agustín, ut sup 

    Respecto de lo que se ha dicho: "y en la tierra consternación de las gentes", quisodesignar con la palabra gentes, no las que serán benditas en la descendencia deAbraham, sino las que estarán a la izquierda.San AmbrosioY será tan abrasadora la angustia de las almas por el recuerdo de la multitud desus delitos (y el temor del juicio que ha de venir) que secará en nosotros el rocíode la fuente divina. A la manera, pues, que se espera la venida del Señor para quetodo lo llene su presencia, ya en el mundo respecto del hombre, ya respecto delmundo, lo cual sucede en cada uno de nosotros cuando recibimos a Cristo con todo

    amor, así también las virtudes de los cielos alcanzarán aumento de gracia a lavenida del Señor y se conmoverán por la plenitud de la divinidad que las penetrarámás de cerca. Hay también virtudes de los cielos, que cantan la gloria de Dios, yque también por mayor comunicación se conmoverán al ver a Jesucristo.San Agustín, ut sup También se conmoverán las potestades de los cielos, porque los fieles más fuertesse turbarán por la persecución de los impíos.Prosigue: "Y entonces verán al Hijo del hombre venir sobre una nube".Teofiactus

    Lo verán tanto los fieles como los infieles. Brillará entonces más que el sol, tantoEl como su cruz, por lo que será conocido de todos.San Agustín, ad Hesychium epist 80  

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    En cuanto a lo que dice que vendrá sobre una nube, puede entenderse de dosmaneras: o viniendo en su Iglesia como en una nube, como ahora no cesa de venir,pero en ese entonces lo hará con gran poder y majestad por la gran fortaleza quebrillará en los santos para que no sean vencidos en tan grande persecución, y asírealzará su majestad; o bien porque vendrá en el mismo cuerpo con que estásentado a la diestra del Padre, y con razón es de creer que vendrá no sólo en el

    mismo cuerpo, sino también en la nube; porque así vendrá como se subió al cielo,pues una nube lo arrebató de la vista de sus discípulos ( Hch 1,9).Crisóstomo, in cat. graec. Patr  El Señor siempre se aparece en la nube según lo del salmo ( Sal 96,12): "La nube yla oscuridad en su derredor". Por lo que el Hijo del hombre vendrá en las nubescomo Dios y Señor, no ocultamente, sino en la gloria digna de Dios; y por estoañade: "Con gran poder y majestad".San CiriloConviene entender las palabras "con grande poder y majestad". En su primeravenida apareció con nuestra humilde flaqueza; pero en la segunda lo verificarácon todo su poder.San Gregorio, in evang. hom. 1 Los que no quisieron oírlo en su abatimiento tendrán que contemplarlo en supoderío y majestad para que sientan entonces tanto más su fortaleza cuanto másresistieron doblar su cerviz y su corazón ante su misericordia.

    San Gregorio, ut sup Como todo lo que va dicho se refiere a los réprobos, habla ahora para consuelo desus escogidos. Por esto añade: "Cuando comenzaren, pues, a cumplirse estas

    cosas, mirad y levantad vuestras cabezas, porque cerca está vuestra redención".Como diciendo: Cuando las plagas abruman al mundo, levantad vuestras cabezas,esto es, alegrad vuestros corazones, porque mientras el mundo (de quien enrealidad no sois amigos) se acaba, se aproxima vuestra redención, que tantohabéis buscado. En la Sagrada Escritura se toma muchas veces la cabeza en vez dela inteligencia; porque así como los miembros son gobernados por la cabeza, lospensamientos se rigen por la inteligencia. Por tanto, levantar nuestras cabezasequivale a levantar nuestra inteligencia hacia los goces de la patria celestial.San Eusebio

    Cuando hayan pasado todas las cosas materiales aparecerán las inteligibles ycelestiales, a saber: el reinado de aquel siglo que nunca habrá de concluir, yentonces se concederán las promesas ofrecidas a los dignos. Por esto dice:"Cuando comenzaren, pues, a cumplirse estas cosas, mirad", etc. Una vezrecibidas las promesas que esperamos del Señor, seremos reanimados los queantes andábamos abatidos, y levantaremos nuestras cabezas, en otro tiempohumilladas, porque viene nuestra redención que tanto esperábamos; esto es,aquella que toda criatura desea.Teofiactus

    Esto es, la perfecta libertad del cuerpo y del alma, así como la primera venida delSalvador tuvo por objeto la reforma de nuestras almas, la segunda tendrá lugarpara la reforma de nuestros cuerpos.San Eusebio

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    a la luz las semillas sepultadas largo tiempo en el mundo, esto es, las que dormíanbajo el polvo de la tierra, produciendo cuerpos mejores que antes; y vencida lamuerte, reinará después la vida del siglo nuevo.San Gregorio, ut sup Todo lo predicho recibe el sello de la mayor certidumbre cuando añade: "Enverdad os digo que", etc.

    BedaRecomienda mucho lo que anuncia de esta manera; y (si es permitido decirlo)estas palabras, "En verdad os digo" son un juramento, porque "amén" quiere decirverdad. Por tanto es la Verdad quien dice: En verdad os digo; y aunque no seexpresara así, no puede mentir de ningún modo. Llama generación a todo elgénero humano, o en especial la raza de los judíos.San EusebioTambién llama así a la generación nueva de la Iglesia santa, manifestando quehabrá de durar el pueblo de los fieles hasta el tiempo en que habrá de ver todasestas cosas y contemplará con sus propios ojos el cumplimiento de las palabras delSalvador.TeofiactusComo les había predicho perturbaciones, guerras y trastornos, tanto de loselementos como de las demás cosas, para que no se sospechase que la mismacristiandad habría de perecer añade: "El cielo y la tierra pasarán; pero mispalabras no pasarán"; como diciendo: y si se conmueven todas las cosas, mi fe nofaltará; en lo cual da a entender que la Iglesia será preferida a toda criatura,porque la criatura sufrirá alteración y la Iglesia de los fieles y las predicacionesdel Evangelio subsistirán.

    San Gregorio, ut sup "El cielo y la tierra pasarán", etc. Como diciendo: Todo aquello que para nosotroses durable no lo es eternamente sin mudanza; y todo lo que parece pasar conmigoserá fijo y permanente; porque mi palabra que pasa expresa sentenciasinmutables y permanentes.BedaEl cielo que pasará no es el etéreo de las estrellas, sino el aire del que toman elnombre las aves del cielo. Pero si la tierra ha de pasar, ¿cómo dice el Eclesiastés:"Mi tierra subsiste eternamente?" ( Ecle 1,4). Pero por una clara razón, el cielo y

    la tierra pasarán en cuanto a la forma que ahora tienen, pero en cuanto a laesencia subsistirán siempre.

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    TEXTO 2Vendrá a juzgar a vivos y muertos

    Catecismo de la Iglesia CatólicaARTÍCULO 7

    “DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS” 

    I. Volverá en gloria Cristo reina ya mediante la Iglesia ... 668 "Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos"(Rm 14, 9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en suhumanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor:posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por encima de todoprincipado, potestad, virtud, dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometiótodas las cosas"(Ef  1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf. Ef  4, 10; 1 Co 15,24. 27-28) y de la historia. En Él, la historia de la humanidad e incluso toda la

    Creación encuentran su recapitulación (Ef  1, 10), su cumplimiento transcendente.669 Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo(cf. Ef   1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión,permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridadque Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf. Ef  4, 11-13)."La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio"(LG 3), "constituye elgermen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG 5).670 Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación.Estamos ya en la "última hora" (1 Jn 2, 18; cf. 1 P  4, 7). "El final de la historia ha

    llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manerairrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo.La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad,aunque todavía imperfecta" (LG 48). El Reino de Cristo manifiesta ya su presenciapor los signos milagrosos (cf. Mc  16, 17-18) que acompañan a su anuncio por laIglesia (cf. Mc 16, 20).... esperando que todo le sea sometido 671  El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavíaacabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimientodel Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal(cf. 2 Ts 2, 7), a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por laPascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1 Co  15, 28), y"mientras no [...] haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia,la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen aeste tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre lascriaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan lamanifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden,sobre todo en la Eucaristía (cf. 1 Co 11, 26), que se apresure el retorno de Cristo(cf. 2 P  3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" ( Ap22, 20; cf. 1 Co 16,22; Ap 22, 17-20).672 Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora delestablecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7)

    http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

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    que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el ordendefinitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor,es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cf Hch 1, 8), pero es también un tiempomarcado todavía por la "tribulación" (1 Co 7, 26) y la prueba del mal (cf. Ef  5, 16)que afecta también a la Iglesia (cf. 1 P   4, 17) e inaugura los combates de losúltimos días (1 Jn  2, 18; 4, 3; 1 Tm  4, 1). Es un tiempo de espera y de vigilia

    (cf. Mt 25, 1-13;Mc 13, 33-37).El glorioso advenimiento de Cristo, esperanza de Israel 673 Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente(cf Ap 22, 20) aun cuando a nosotros no nos "toca conocer el tiempo y el momentoque ha fijado el Padre con su autoridad" (Hch 1, 7; cf. Mc 13, 32). Esteacontecimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt 24,44: 1 Ts 5, 2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de precederestén "retenidos" en las manos de Dios (cf. 2 Ts 2, 3-12).674  La venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia(cf. Rm 11, 31), se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11,26; Mt 23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en "la incredulidad"(Rm 11, 20) respecto a Jesús . San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después dePentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados seanborrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe alCristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta eltiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas"(Hch 3, 19-21). Y san Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliacióndel mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?"(Rm 11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación

    mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21,24), hará al pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef  4, 13) en la cual"Dios será todo en nosotros" (1 Co 15, 28).La última prueba de la Iglesia 675 Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba finalque sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). Lapersecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15,19-20) desvelará el "misterio de iniquidad" bajo la forma de una imposturareligiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas

    mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema esla del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre seglorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en lacarne (cf. 2 Ts 2, 4-12; 1Ts 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).676 Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez quese pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puedealcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico:incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reinofuturo con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma

    política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI,carta enc. Divini Redemptoris, condenando "los errores presentados bajo un falsosentido místico" "de esta especie de falseada redención de los máshumildes"; GS 20-21).

    http://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19370319_divini-redemptoris_sp.htmlhttp://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19370319_divini-redemptoris_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.htmlhttp://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.htmlhttp://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19370319_divini-redemptoris_sp.html

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    677 La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua enla que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reinono se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8)en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el últimodesencadenamiento del mal (cf. Ap20, 7-10) que hará descender desde el cielo asu Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la

    forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de estemundo que pasa (cf. 2 P  3, 12-13).II. «Para juzgar a vivos y muertos» 678 Siguiendo a los profetas (cf. Dn 7, 10; Jl  3, 4; Ml 3,19) y a Juan Bautista(cf. Mt 3, 7-12), Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día.Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno (cf. Mc  12, 38-40) y elsecreto de los corazones (cf. Lc 12, 1-3; Jn 3, 20-21; Rm 2, 16; 1 Co 4, 5).Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la graciaofrecida por Dios (cf Mt 11, 20-24; 12, 41-42). La actitud con respecto al prójimorevelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino (cf. Mt 5, 22; 7, 1-5). Jesús dirá en el último día: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos máspequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).679 Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamentelas obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor delmundo. "Adquirió" este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado "todojuicio al Hijo" ( Jn 5, 22; cf. Jn 5, 27; Mt 25, 31; Hch 10, 42; 17, 31; 2 Tm 4, 1).Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar (cf.  Jn 3,17) y para darla vida que hay en él (cf. Jn 5, 26). Es por el rechazo de la gracia en esta vida porlo que cada uno se juzga ya a sí mismo (cf. Jn 3, 18; 12, 48); es retribuido según

    sus obras (cf. 1 Co 3, 12- 15) y puede incluso condenarse eternamente al rechazarel Espíritu de amor (cf. Mt 12, 32; Hb 6, 4-6; 10, 26-31).Resumen 680 Cristo, el Señor, reina ya por la Iglesia, pero todavía no le están sometidastodas las cosas de este mundo. El triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar sinun último asalto de las fuerzas del mal. 681 El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para llevar acabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña,habrán crecido juntos en el curso de la historia. 

    682 Cristo glorioso, al venir al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos,revelará la disposición secreta de los corazones y retribuirá a cada hombre segúnsus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia.

    Texto 3

    Introducción al Adviento D. Gaspar LefevreLa lectura de los textos litúrgicos, de que la Iglesia se sirve durante las cuatrosemanas de Adviento, nos descubre claramente su intención de nos asimilemos la

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    mentalidad del Pueblo de Dios en la Antigua Ley, de los Patriarcas y Videntes deIsrael, quienes suspiraban por la llegada del Mesías en su doble advenimiento degracias y gloria.La Iglesia griega honra en Adviento a los progenitores del Señor, y especialmente aAbrahán, a Isaac y a Jacob.La Iglesia latina, sin honrarlos con un culto particular, nos recuerda su memoria

    con frecuencia en esta época, al hablar en el Breviario de las promesas relativas alMesías que les fueron hechas. A todos ellos los vemos cada día desfilar, formandoel magnifico cortejo que a Cristo precedió en los siglos a su venida. Pasan anuestra vista Abrahán, Jacob, Judá, Moisés, David, Miqueas, Jeremías, Ezequiel yDaniel, Isaías, S. Juan Bautista. José u sobre todo María, la cual resume en símisma todas las esperanzas mesiánicas, pues de su fiat depende su cumplimiento.Todos a una ansían porque venga el Salvador y le llaman con ardientes gemidos. Alrecorrer las misas y los oficios de Adviento siéntese el alma impresionada por loscontinuos y apremiantes llamamientos al Mesías: «Ven, Señor, y no te tardes».«Venid y adoremos al Rey que ha de venir». «El señor está cerca, venid yadorémosle». «Manifiesta, Señor, tu poder y ven » «¡Oh Sabiduría! Ven aenseñarnos el camino de la prudencia», «Oh Dios, guía de la casa de Israel, ven arescatarnos». « Oh vástago de Jesé, ven a redimirnos, y no tardes». «Oh lave deDavid y cetro de la casa de Israel, ven saca a tu cautivo sumido en tinieblas ysombras de muerte». « Oh oriente, resplandor de la luz eterna, ven yalúmbranos…», «Oh Rey de las Naciones y su deseado, ven a salvar al hombre queformaste del barro». « Oh Emmanuel (Dios con nosotros), Rey y Legislador nuestro,ven a salvarnos, Señor y Dios nuestro».El Mesías esperado es el Hijo mismo de Dios; Él es le gran libertador que vencerá a

    Satanás, que reinará eternamente sobre su pueblo, al que todas las nacioneshabrán de servir. Y como la divina misericordia alcanza no sólo a Israel sino a todoel Gentilismo, debemos hacer nuestro aquel Veni, y decir a Jesús: « ¡Oh piedraangular, que reúnes en Ti a los pueblos todos, Ven». Todos seremos guiados juntospor un mismo Pastor. «El, dice Isaías, pastoreará a su rebaño, y acogerá a loscorderitos en sus brazos, y los llevará en sus haldas; Él que es nuestro Dios ySeñor».Esta venida de Cristo, anunciada ya por los Profetas y a que el Pueblo de Diosaspira, es una venida de misericordia. El divino Redentor se apareció en la tierra

    bajo la humilde condición de nuestra humana existencia. Es también una venidade justicia, en que aparecerá rodeado de gloria y majestad al fin del mundo, comoJuez y supremo Remunerador de los hombres. Los Videntes del A. Testamento nosepararon estos dos advientos, por donde también la liturgia del Adviento, al traersus palabras, habla indistintamente de entrambos. Por lo demás, ¿estos dossucesos no tienen un mismo fin? «Si el Hijo de Dios se ha bajado hasta nosotroshaciéndose hombre (1er advenimiento), ha sido precisamente para hacernos subirhasta su Padre» introduciéndonos en su reino celestial (2do advenimiento). Y lasentencia que el Hijo del hombre, ha quien será entregado todo juicio, ha de

    fallar cuando por segunda vez viniere a este mundo, dependerá del recibimientoque se le hubiere hecho al venir por vez primera. Este niño, dijo Simeón, estarápuesto para ruina y para resurrección de muchos, y será una señal que excitará lacontradicción». El Padre y el espíritu darán testimonio de que Cristo es el Hijo de

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    Dios, y el mismo Jesús lo probará bien por sus palabras y sus milagros. Y losmismos hombres deberán dar ese doble testimonio de un Dios en tres personas,decidiendo así ellos mismos de su suerte futura. «Bienaventurados los que no seescandalizaren por mi causa», porque «el que pusiere en Cristo su confianza noserá confundido». Y al contrario, ¡ay de aquel que chocare con esa piedra desalvación!, porque quedará desmenuzado. « Si alguno se avergüenza de Mí o de

    mis palabras, dice Jesús, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él cuandovenga en su gloria y en la de su Padre y sus santos Ángeles ». «Cuando el Hijo delhombre venga en su majestad, y con Él todos sus Ángeles, se sentará en el tronode su gloria, y reuniendo las Naciones todas en torno suyo, separará a los unos delos otros, como separa el pastor a las ovejas de los cabritos. Y colocará las ovejasa su derecha y los cabritos a su siniestra. Entonces dirá el Rey a los de su derecha.Venid benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado desde elprincipio del mundo. Y luego dirá a los de su izquierda: Apartaos, malditos, e id alfuego eterno que el diablo y sus ángeles os tienen dispuesto» (Mat. 25, 31-46).A todos cuantos hubieren negado a Cristo en la tierra, Él los desechará de sí,separándolos para siempre de los que le han sido fieles, y juntando en torno suyoa cuantos le hubieren acogido por su fe y su amor, los hará entrar en pos de sí enel reino de su Padre. Estrechamente unidos al Hijo de Dios humanizado, seráneternamente «Cristo y su místico cuerpo », o lo que San Agustín llama «el Cristototal ». Y por ese motivo justificará Jesús su sentencia judicial que separará a losbuenos de los malos, diciendo: « Todo cuanto habéis hecho con uno de mispequeñuelos, conmigo lo habéis hecho; y lo que no habéis hecho con uno de mispequeñuelos, conmigo no lo habéis hecho».Trascrito por José Gálvez Krüger - Tomado de: Dom Gaspar Lefèbvre O.S.B, de la

    Abadía de S. Andrés - Misal Diario Desclée De Brouwer y Cia, Brujas, Bélgi

    TEXTO 4EL ADVIENTO

    Azcárate, La Flor de la Liturgia“. 

    1. Significado del Adviento.—"En el sagrado tiempo de Adviento la Iglesia despierta en nuestra conciencia el

    recuerdo de los pecados que tristemente cometimos; nos exhorta a que,reprimiendo los malos deseos y castigando voluntariamente nuestro cuerpo, nosrecojamos dentro de nosotros mismos con piadosas meditaciones, y con ardientesdeseos nos movamos a convertirnos a Dios, que es el único que puede, con sugracia, librarnos de la mancha del pecado y de los males, que son susconsecuencias."2. Origen y razón de ser del Adviento. El Adviento (del latín: adventus,"advenimiento", "llegada"), es un tiempo de preparación para el Nacimiento deJesucristo, en Belén, y representa los cuatro mil y más años que estuvieron los

    antiguos aguardando y suspirando por la venida del Mesías.La institución del Adviento como tiempo preparatorio para Navidad, data, enEspaña, de fines del siglo IV, según consta por un canon del concilio de Zaragoza

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    celebrado el año 380, y en el resto de Occidente, de principios o mediados delsiglo V.Vino entonces como a reafirmar la doctrina de los concilios de Éfeso y Calcedonia, proclamando el dogma de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona de Jesucristo, contra la herejía cristológica de Nestorio y Eutiques, y a dar mayorrelieve en la Liturgia al misterio de la Encarnación y al de la Maternidad de la

    Virgen. Hoy día comienza el Adviento el domingo más cercano a la fiesta de San Andrés(30 de noviembre), o sea, entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre, y abarca,por lo tanto, tres semanas completas y parte de la cuarta. Al principio varió su duración según las liturgias y los países, notándose unatendencia casi general a equiparar el Adviento con la Cuaresma, en el tiempo yaun casi en el rigor. En las Galias y en España, por ejemplo, y en rito ambrosiano,empezaba el Adviento el día de San Martín (11 de noviembre), y se prescribíancomo obligatorios para los fieles, dos, tres y hasta cuatro ayunos semanales y casidiarios para los monjes. La disciplina actual sólo prescribe el ayuno conabstinencia el miércoles, viernes y sábado de las IV témporas, y la Vigilia deNavidad , y en muchos países, en virtud de Bulas e Indultos particulares tan sólosobrevive el último. Asimismo, para semejarlo todavía más con la Cuaresma, enlos últimos días se cubrían las imágenes y altares, igual que en Pasión. Por asociación de ideas, a la primera venida de Jesucristo a la tierra, en carnemortal, une la Iglesia el pensamiento de la segunda, al fin del mundo; y, enconsecuencia, el Adviento viene a resultar una preparación a ese dobleadvenimiento del Redentor.En este concepto tiene este período litúrgico una puerta que mira al pasado y otra

    al porvenir; de un lado, tiene por perspectiva los millares de años durante loscuales la humanidad esperaba a su Redentor, de otro los siglos que han detranscurrir hasta la hora del cataclismo postrero, en el que ha de zozobrar nuestroplaneta" . Cada uno de estos dos advenimientos sugiere a la Liturgia ideas ysentimientos peculiares, que ella expresa con soberana elocuencia e inflamadosacentos. Para preparar el primero traduce las ansias y suspiros cada vez máscrecientes de las generaciones del Antiguo Testamento, y para prevenir elsegundo, alude de vez en cuando al juicio final o alguna de sus circunstancias.Pero, además de prepararnos el Adviento para el nacimiento histórico de

    Jesucristo y para el Juicio Final, nos revela cada año al Cristo de la promesa, esdecir, al Cristo de los Patriarcas y de los Profetas, al Deseado de los colladoseternos, y estrecha nuestras relaciones íntimas con el Cristo místico, cuya veniday completo reinado en las almas prepara también .El Cristo de la Promesa es el que llena toda la historia y todos los libros del A.Testamento, Aquél en quien creían, a quien esperaban y a quien, sin conocer,amaban todos los justos de Israel. Aludiendo tan a menudo a Él, la liturgia de Adviento nos pone en comunicación de fe, de esperanza y de amor con todas las generaciones creyentes que nos han precedido, y nos persuade de que somos de la

    descendencia espiritual de Abrahán y herederos legítimos de la Sinagoga. El Cristo místico  es el Cristo viviendo en las almas y reproduciendo en ellas losfenómenos de su vida divina, haciendo de los cristianos otros cristos. Cada

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    Adviento tiende a producir en nosotros un acrecentamiento nuevo de este Cristomístico.3. Carácter del Adviento. Considerado a través de la Liturgia, el Adviento, por lomismo que recoge las ansias e inquietudes de las pasadas generaciones y losentusiasmos y regocijos de las nuevas ante la venida del Salvador, es una mezclade luz y de sombra, de alegría y de tristeza, de angustiosa incertidumbre y de

    seguro bienestar. Y este doble aspecto se descubre a cada paso en los textos de laMisa y del Oficio, y también en algunos detalles exteriores de la Liturgia.La tristeza está más bien dibujada en algunos rasgos exteriores del culto, comoson: el empleo en los domingos y ferias de Adviento, de los ornamentos morados,y de las casullas plegadas, o planetas, en lugar de majestuosas dalmáticas; lasupresión de los floreros, del órgano, del "Gloria in excelsis", del "Te Deum", del"Ite missa est", y de las bodas solemnes.Todos estos son indicios indudablemente, de alerta preocupación y tristeza,comunes al Adviento y a la Cuaresma, pero el objeto de uno y otro períodolitúrgico los diferencia radicalmente, como bien lo manifiesta el uso diario, enAdviento, del festivo aleluya, nunca permitido en Cuaresma. El carácter depenitencia, que algunos recalcan por demás, le vino al Adviento, en el siglo VII, dela influencia del ayuno monástico, no de su propia esencia y espíritu. Pues de suyolo repetimos—, es una temporada de recogimiento y de santa y confiadaexpectación.4. Etapas del Adviento. Desde el Papa Nicolás I, en el siglo IX, el Adviento constade cuatro semanas, cuyos domingos son "estacionales". Cada dominica tiene suMisa y Oficio propios y hermosísimos, y señala un notable avance hacia elventuroso suceso de Belén. La silueta del Redentor se va perfilando de semana en

    semana, y adquiriendo nuevos matices y relieves, hasta que, al fin, se le veaparecer en carne mortal. Paralelamente se va proclamando cada vez más alto lavirginal Maternidad de María.El más célebre de estos domingos es el III, llamado "Gaudete" (alégrate) por laprimera palabra del Intróito, y porque traduce a maravilla el espíritu de la liturgiaen este día, que es de extraordinaria alegría.En él suspende la Iglesia todas las manifestaciones exteriores de luto, vistiendo asus ministros de color rosa y de dalmáticas, engalanando con flores los altares ytañendo el órgano. En las etapas del Adviento, señala este domingo el punto

    culminante del progresivo ascenso a Belén. Con ser el equivalente al domingo"Laetare", IV de Cuaresma, no suscita en los fieles tanta alegría como aquél; peroes porque tampoco se hace sentir tanto su ausencia, ya que la tristeza de Advientoes muy moderada y obedece a muy distintas causas, como hemos dicho.Como a medio camino del Adviento, interpónense las IV Témporas (miércoles,viernes y sábado de la III Semana), que son las que con sus ayunos y abstinenciasimprimen a la temporada un cierto tinte de austeridad y penitencia.Eran éstas las Témporas más importantes del año y las únicas en que, en laantigüedad, se celebraban las Ordenaciones. El miércoles era muy célebre en la

    Edad Media por su Evangelio "Missus est", que inmortalizó San Bernardo con suscuatro popularísimos sermones sobre las alabanzas de María. En él se proclamabanante el pueblo los candidatos para las Ordenaciones.

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    Pero la más amena y alentadora de todas es la etapa última, que abarca del 17 al25, y que, con su repertorio de antífonas propias, a cada cual más vibrante, nospone al Salvador ocho días antes de nacer, casi al alcance de la mano: "Eceeveniet, dice, Ecce jam venit, De Sion veniet, Egredietur Dóminus, Constantesestofe", etc., y con la fiesta de la Expectación, al menos en España 5, nos envuelve anticipadamente en un ambiente de cuna.

    5. Las "Antífonas O".—Entre las Antífonas que, del 18 al 26 de diciembre,resuenan en los Oficios del Adviento, las más solemnes y más célebres son lasllamadas "Grandes Antífonas", o "Antífonas O", por empezar todas con esaexclamación. Son como las últimas explosiones de las fervientes plegarias deAdviento, y los últimos y más apremiantes llamamientos de la Iglesia al suspiradoMesías.Según Amalario de Metz, estas Antífonas son de origen romano, y probablementedatan del siglo VII. Fueron, en un principio, siete, ocho, nueve, y a veces, hastadiez y más ; pero desde Pío V se fijó en siete su número. En cada una llámase alMesías con un nombre distinto: Sabiduría, Adonai, Oriente, Rey, Emmanuel (Dioscon nosotros). Han sido vaciadas todas en un mismo molde literario y traducidas auna misma melodía musical, siendo, bajo ambos aspectos, composiciones clásicas.En las catedrales y monasterios, entónenlas cada día un canónigo o un monjedistinto, revestido de pluvial y entre ciriales y repiques de campanas.Antiguamente, al menos en las abadías, después del Abad y del Prior lasentonaban por su orden: el monje jardinero, el mayordomo, el tesorero, elpreboste y el bibliotecario, en atención a la afinidad que creían hallar entre cadauno de esos títulos y sus respectivos cargos. Servíanse de viejos cantorales,iluminados con miniaturas y perfiles simbólicos. Todo este aparato y el significado

    mismo de las Antífonas, llevaban a las Vísperas de estos días numerosos fieles, quemezclaban sus voces con las del clero y así disponían progresivamente suscorazones para las alegrías de Navidad.Algún liturgista hace notar que las letras iniciales de estas Antífonas, invertidas,forman un ingenioso acróstico de dos palabras: ERO CRAS (estaré mañana), que escomo la respuesta atenta del Divino Emanuel a esos siete llamamientos de laIglesia. Hélo aquí:

    ES> E mmanuel... veni!TA> R  ex... veni!

    RE> R  riens... veni!

    MA> C alvis... veni!ÑA> R  adix... veni!

    A donai... veni!NA> S apientia... veni! 

    V

    EN

    VEN 

    6. La Vigilia de Navidad.  El Adviento se clausura el 24 de diciembre con unasolemne Vigilia que en la Liturgia, lo mismo que en la vida hogareña y social, escomo el alboreo de la Pascua, la sonrisa inicial del Divino Infante, y el primer

    repique del interminable campaneo que ha de estallar en la "Misa del Gallo", al oírcantar a los Ángeles: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombresde buena voluntad!".

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    Esta Vigilia es posterior a la fiesta de Navidad. A diferencia de todas las demásVigilias, ésta es de alegría y de alborozo; no obstante que, por no infringir lasleyes litúrgicas, no se usa todavía en la Misa "Gloria" ni los ornamentos blancos, ypersiste la obligación del ayuno .En el Oficio de Prima, en los coros de las catedrales y de los monasterios, se cantahoy con pompa inusitada la Kalenda o anuncio de la Navidad, según el

    Martirologio. El cantor, revestido de pluvial morado y entre ciriales encendidos,inciensa el libro, y comienza el cómputo en recto tono, pero muy solemne, hastallegar al anuncio mismo del Nacimiento del Señor, en que sube de tono y cambiade melodía.Reza así el anuncio: "En el año 5199 de la Creación del "mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra; " en el 2957 del diluvio; en el 2015 delnacimiento de "Abrahán; en 1510 de Moisés y de la salida del pueblo " de Israel deEgipto, en el 1032 de la unción del rey " David, en la semana 65 de la profecía deDaniel; en " la Olimpíada 194; en el año 752 de la fundación de " Roma, en el 42del imperio de Octavio Augusto; estando "todo el orbe en paz; en la sexta edaddel mundo: Jesucristo crista, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo "consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento miento, concebido por el Espíritu Santo, y pasados nueve "meses después de su concepción, nacióhecho Hombre, de " la Virgen María, en Belén de Judá."  (Se arrodillan todos loscircunstantes, y prosigue el cantor en tono más agudo): "Navidad de N. Señor Jesucristo según la carne". (Y continúa el acólito el anuncio de los Santos del díasiguiente, empezando por Santa Anastasia, de la que en la Misa de la "aurora" hade hacerse mañana conmemoración). Este anuncio de la Navidad del Señor, tan solemne y tan grandioso, se parece

    bastante al que hace el diácono el Sábado Santo, en el canto "Exúltet", de laPascua de Resurrección. ¡Lástima que a la casi totalidad de los cristianos se lespase hoy completamente desapercibido!Al atardecer tienen lugar las primeras Vísperas de Navidad , donde el Salvadoraparece como Rey pacífico y magnífico, que viene a tomar posesión de latierra. "Levantad vuestras cabezas —dice la 5a Antífona—, y ved que se acercavuestra redención". Sólo falta ya empezar los Maitines de Noche Buena, cuyoInvitatorio dice textualmente: "Nos ha nacido Cristo: venid, adorémosle".

    TEXTO 5COMENTARIO A LA EPÍSTOLA

    EL PRECEPTO DEL TIEMPO (Rm/13/11-14)11 Y esto, tanto más cuanto que bien sabéis en qué tiempo vivimos: queya es hora de que os despertéis del sueño, pues la salvación está ahoramás cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. 12 La noche está muyavanzada, el día se acerca. Despojémonos, pues, de las obras de lastinieblas y revistámonos de las armas de la luz. 13 Como en pleno día,caminemos con decencia: no en orgías ni borracheras; no en fornicacionesni lujurias; no en discordia ni envidias. 14 Al contrario, revestíos del Señor

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     Jesucristo, y no pongáis vuestro afán en la carne para satisfacer susdeseos. Para concluir el Apóstol fundamenta sus exhortaciones en la urgencia de laúltima hora. Los cristianos conocen el «tiempo» y saben que ha sonado la hora.El tiempo, en el que ahora se encuentran, está condicionado por elacontecimiento de Cristo y, en consecuencia, por el momento en que

    alcanzaron la fe. Pues bien, ese tiempo no permite el sueño despreocupado niel permanecer inactivo confiado en los méritos de Jesucristo, sino que exigepermanecer vigilante en espera del día que aportará la plenitud de nuestrasalvación. La pronta llegada de Cristo como consumador del acontecimientosalvífico, a cuya disposición está al presente Pablo como su mensajero, es elfundamento y razón últimos de la vida cristiana. De ahí que la conductacristiana deba reconocerse por las «obras» correspondientes al día y no las quecorresponden a la noche. Las «obras de las tinieblas» no pueden ya conciliarsecon el día al que tienden las miradas de los cristianos y cuya proximidadresulta tan evidente que ya no cabe la menor duda acerca de su aparición; másaún, al presente ya ha empezado a alborear y a poner en tela de juicio todo elpoder de las tinieblas que aún ejercen su soberanía.Con ello Pablo no fomenta veleidades apocalípticas, sino que exhorta aportarse bien en la hora presente: Importa mucho conocer el tiempo en quevivimos. Pero sólo se le puede reconocer en Jesucristo, en cuanto redentor delmundo que ya ha venido por nosotros, aunque todavía tiene que venir en elfuturo. Ahora bien, que su venida no hay que posponerla hasta un futurolejano e indeterminado, sino que hay que experimentarla más bien como unfuturo que se inserta constantemente en el tiempo presente, es lo que

    testimonian los cristianos cuando caminan «como en pleno día».

    TEXTO 6COMENTARIO AL EVANGELIO

    LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE (21,25-28).

    a) Señales en el universo (Lc/21/25-26)25 Y habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. Y en la tierra,

    las naciones serán presa de angustia por los bramidos del mar y el embatede las olas, 26 y quedarán los hombres sin aliento por el miedo y laansiedad de lo que están viendo venir sobre la tierra. Porque el mundo delos astros se desquiciará. De las predicciones, cuyo cumplimiento se ha experimentado ya, pasa eldiscurso a los acontecimientos del tiempo final, que todavía están pendientesde realización. Se distingue claramente la ruina de Jerusalén y el tiempo final.Pero no se dice nada acerca de lo que han de durar los tiempos de los gentiles.El tiempo final se anuncia con grandes acontecimientos cósmicos. Antes de que

    venga el Hijo del hombre, se producirá un trastorno en el universo. Se veránsacudidos sus tres grandes ámbitos, conforme a la idea de la época, queconcebía el mundo dividido en tres pisos. En el firmamento se producen signosen el sol, en la luna y en las estrellas. Como se ve, Lucas no tiene gran interés

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    en describir detalladamente estas señales, como lo hace Marcos: el sol seoscurecerá, la luna no dará ya luz, las estrellas caerán del cielo (Mc 13,24). Enla tierra se verán las gentes presa de angustia y de desconcierto. El mar,sujeto por el poder de Dios (Job 38,10s), quedará abandonado a sus impulsoscaóticos. Según la concepción de la antigüedad, el universo es tenido a raya,ordenado y dirigido por potencias espirituales que tienen su morada en el

    espacio celeste. Las potencias del cielo se verán sacudidas, por ello irrumpiráel caos sobre el universo.Las naciones, los paganos, los hombres serán presa de angustia, quedarán sinaliento y desconcertados por el miedo y la ansiedad. «Cuando el pánico seapodere de los habitantes de la tierra, se hallarán en muchos apuros, enenormes aflicciones» (ApBar 25,3). ¿En qué podrá uno todavía apoyarse cuandose tambaleen las leyes más seguras? El suelo se hunde bajo los pies. Loshombres se preguntan qué significa esto, de qué es señal. El discípulo de Cristoconoce el significado de estos acontecimientos por la palabra de Cristo. Sonseñales del que ha de venir. El horizonte de las palabras se extiende al mundoentero. La humanidad está dividida en dos grandes campos: el uno -los«hombres»- se consume de pánico, el otro -los discípulos- afronta esta horacon gozosa expectativa. Sin Cristo, ansiedad; con Cristo, esperanzainquebrantable.Las señales se presentan en palabras que tienen una antigua tradición; en unapredicción sobre la ruina de Babilonia se dice: «Ved que se acerca el día deYahveh, implacable, cólera y furor ardiente, para hacer de la tierra undesierto y exterminar a los pecadores. Las estrellas del cielo y sus luceros nodarán su luz, el sol se oscurecerá en naciendo, y la luna no hará brillar su luz»

    (Is 13,9s). En la sentencia pronunciada sobre Edom dice el mismo profeta: «Lamilicia de los cielos se disuelve, se enrollan los cielos como se enrolla un libro,y todo su ejército cae como caen las hojas de la vid, como caen las hojas de lahiguera. La espada de Yahveh se embriaga en los cielos y va a caer sobreEdom, sobre el pueblo que ha destinado al exterminio» (ls 34,4s). Y en unoráculo de infortunio sobre Egipto se dice: «Al apagar tu luz velaré los cielos yoscureceré las estrellas. Cubriré de nubes el sol, y la luna no resplandecerá;todos los astros que brillan en los cielos se vestirán de luto por ti, y seextenderán las tinieblas sobre la tierra» (Ez 32,7s). La intervención primitiva

    de Dios en la historia de las ciudades y de las naciones se encuadra en elmarco de grandes trastornos cósmicos. Estos parecen ser únicamente unarepresentación figurada del poder y de la grandeza de Dios que viene a juzgar.Tiembla el universo cuando se levanta Dios y visita la tierra. El sacudimientodel universo a la venida del Hijo del hombre sirve seguramente sólo para larepresentación del Hijo del hombre, al que Dios ha dado todo poder en el cieloy sobre la tierra. Cuando en su venida atraviese los espacios del universo,temblarán los poderes del cielo de respeto y sobrecogimiento. Pero laspredicciones son oscuras hasta que se cumplen. ¿Quién se aventurará a darles

    una interpretación definitiva?b) Aparece el Hijo del hombre (Lc/21/27-28).27 Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con poderío ymajestad. 

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    El Hijo del hombre se hará visible. Se le podrá contemplar con los ojos. Nadiepodrá sustraerse a este acontecimiento. Además, todos los que lo vean estaránseguros de que es él.La manifestación del Hijo del hombre se pinta con imágenes procedentes de latradición: «Vi venir en las nubes del cielo a un como hijo de hombre, que sellegó al anciano de muchos días y fue presentado a éste. Fuele dado el señorío,

    la gloria y el imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron, y sudominio es dominio eterno que no acabará nunca, y su imperio, imperio quenunca desaparecerá» (Dan 7,13s). El Hijo del hombre viene sobre una nube; lanube es el carro de Dios. Dios mismo se manifiesta con poderío y majestad. ElHijo del hombre tiene participación en el señorío de Dios. Las imágenestransmitidas por tradición tienen por objeto representar la majestad divina deCristo. Todas las imágenes son sencillamente un débil balbuceo encomparación con lo inefable de su grandeza. Jesús no viene ya en la debilidadde su manifestación terrena, sino en la grandeza y gloria de su exaltación.Pero ¿quién podrá hablar de ella en forma adecuada?28 Cuando comience a suceder todo esto, tened ánimo y levantad lacabeza, porque vuestra liberación se acerca. La Iglesia marcha encorvada como un hombre que tiene que llevar una cargapesada. Va como con la cabeza baja, como un hombre que se ve odiado,perseguido y sin honra. Cuando se inicie lo que preparará los acontecimientosfinales, entonces podrán tener ánimo los creyentes. Lo que para los otros esamenaza de destrucción, para ellos significa exaltación. Sólo entonces, cuandoaparezca el Hijo del hombre, cesará la Iglesia de ser una Iglesia oprimida,tentada, encorvada.

    La liberación se acerca cuando aparece el Hijo del hombre glorificado. Cesanla persecución y los peligros. Se ve cumplida la esperanza antes ridiculizada yescarnecida. La Iglesia sufriente se convierte en Iglesia exultante. Lo quecantó el padre del Bautista cuando se acercaba el tiempo de salvación, puedecantarse ahora como realizado: «Bendito el Señor Dios de Israel, porque havenido a ver a su pueblo y a traerle el rescate» (1,68).La venida del Hijo del hombre es el día de la recolección para la Iglesia. SegúnMarcos, el Hijo del hombre enviará a los ángeles para que reúnan a susescogidos desde los cuatro vientos (Mc 13.27). De ello no dice nada Lucas. El

    tiempo de la Iglesia entre la ascensión y la segunda venida era tiempo demisión, tiempo de recogida de los pueblos; ahora es el tiempo en el que laIglesia reunida recibe su forma plena y su liberación definitiva.

    3. ACTITUDES ESCATOLÓGICAS (Lc/21/29-36).a) No dejarse desorientar (21,29-33).29 Y les propuso una parábola: Fijaos en la higuera y en los demásárboles: 30 cuando veis que ya retoñan, os dais cuenta de que ya estácerca el verano. 31 Igualmente vosotros también, cuando veáis que

    suceden estas cosas, daos cuenta de que el reino de Dios está cerca. Cuando en la última crisis del mundo venga el Hijo del hombre, levantarán lacabeza los creyentes. Entonces se podrá decir con razón que el reino de Diosestá cerca. El que ose decirlo antes, es un embustero (21,8) y no dice verdad.

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    Entonces no harán ya falta mensajeros que anuncien la proximidad del reino;todos podrán reconocerlo claramente por su mismo acercamiento. Una breveparábola ilustra esta idea. Cuando la higuera y los demás árboles retoñan, notacualquiera que ha pasado el invierno y se acerca el verano. En Palestina no hayprimavera: el verano sucede al invierno. Nadie que esté en sus cabales tienenecesidad del testimonio de nadie para ver que se acerca el verano cuando

    retoñan los árboles.La aparición del Hijo del hombre, la liberación y el reino de Dios estánentrelazados entre sí. «Después, será el final: cuando (Cristo) entregue elreino a Dios Padre, y destruya todo principado y toda potestad y poder(contrario a Dios). Porque él tiene que reinar, hasta que ponga a todos losenemigos bajo sus pies... En efecto: Todas las cosas las sometió bajo suspies... Y cuando se le hayan sometido todas las cosas, entonces también sesometerá el mismo Hijo al que se lo sometió todo; para que Dios lo sea todo entodos» (/1Co/15/24-28).32 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo suceda. 33 Elcielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán. Por mucho que se extienda el período que va de la ascensión a la venida deJesús, esta generación, el género humano, experimentará todo lo que entrañala plena realización del plan divino, la manifestación del Hijo del hombre, laplena liberación y redención y el perfecto reinado de Dios. Todo se cumplirásin género de duda. Las palabras tan encarecidas de Jesús no pretenden fijarun tiempo, sino asegurar el cumplimiento de su predicción. Cuando se designaa todo el género humano como esta generación, quiere con ello recordarse quees mala y que no puede sostener el juicio de Dios. Tiene necesidad de

    recapacitar sobre la venida de los acontecimientos finales. La proclamaciónescatológica es también en todo caso predicación de penitencia y conversión(*).A veces podría parecer que las promesas de Dios son meras palabras deconsuelo. En todo tiempo se han quejado los creyentes de que Dios haceesperar su ayuda. ¿No habrá que decir lo mismo de esta promesa, la mayor detodas? Se hace duro perseverar con paciencia cuando la espera no tiene fin.Contra toda apariencia de inseguridad, de cosa poco de fiar, está la seguridadde las palabras de promesa de Jesús. El universo, que parece imperecedero,

    perecerá, todo pasará; las palabras de Jesús conservan su vigencia. Vienen losacontecimientos finales. Estos iluminan nuestra vida presente. Es indiferentecuándo han de venir, pero no lo es el hecho de que han de venir................* «Esta generación» lleva con frecuencia atributos peyorativos: adúltera (Mt 8,38), perversa (Mt12,45; Lc 11,29), perversa y adúltera (Mt 12,39s; 16,4), incrédula y pervertida (Mt 17,17),incrédula (Lc 9,41); «esta generación... implica siempre un sentido accesorio de condenación»(BUCHSEL).

     Juan Pablo II 3 de diciembre de 2000  

    El jubileo de los discapacitados

    1. "Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación" (Lc 21, 28).

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    San Lucas, en el texto evangélico presentado a nuestra meditación en esteprimer domingo de Adviento, destaca el miedo que angustia a loshombres  frente a los fenómenos finales. Pero, en contraste, el evangelistapresenta con mayor relieve la perspectiva gozosa de la esperacristiana: "Entonces -dice- verán al Hijo del hombre venir en una nube, congran poder y majestad" (Lc 21, 27). Este es el anuncio que da esperanza al

    corazón del creyente; el Señor vendrá "con gran poder y majestad". Por eso,se invita a los discípulos a no tener miedo, sino a levantarse y alzar lacabeza, "porque se acerca vuestra liberación" (Lc 21, 28).Cada año la liturgia nos vuelve a recordar, al comienzo del Adviento, esta"buena nueva", que resuena con extraordinaria elocuencia en la Iglesia. Es labuena nueva de nuestra salvación; es el anuncio de que el Señor está cerca;más aún, de que ya está con nosotros.3. "Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar a todo lo que estápor venir, y manteneos en pie ante el Hijo del hombre" (Lc 21, 36). La liturgiade hoy nos habla de la segunda venida del Señor; es decir, nos habla de lavuelta gloriosa de Cristo, que coincidirá con la que, con palabras sencillas, sellama "el fin del mundo". Se trata de un acontecimiento misterioso que, en ellenguaje apocalíptico, presenta por lo general la apariencia de un inmensocataclismo. Al igual que el fin de la persona, es decir, la muerte, el fin deluniverso suscita angustia ante lo desconocido y temor al sufrimiento, ademásde interrogantes turbadores sobre el más allá.El tiempo de Adviento, que empieza precisamente hoy, nos insta aprepararnos para acoger al Señor que vendrá. Pero ¿cómo prepararnos? Lasignificativa celebración que estamos realizando nos muestra que un modo

    concreto para disponernos a ese encuentro es la proximidad y la comunióncon quienes, por cualquier motivo, se encuentran en dificultad . Al reconocera Cristo en el hermano, nos disponemos a que él nos reconozca cuando vuelvadefinitivamente. Así la comunidad cristiana se prepara para la segundavenida del Señor : poniendo en el centro a las personas que Jesús mismo haprivilegiado, las personas que la sociedad a menudo margina y no considera.4. Esto es lo que hemos hecho hoy, reuniéndonos en esta basílica para vivir lagracia y la alegría del jubileo junto con vosotros, que os encontráis encondiciones de discapacidad, y con vuestras familias. Con este gesto

    queremos hacer nuestras vuestras inquietudes y expectativas, vuestros donesy problemas.En nombre de Cristo, la Iglesia se compromete a ser para vosotros cada vezmás "casa acogedora". Sabemos que el discapacitado -persona única eirrepetible en su dignidad igual e inviolable- no sólo requiere atención, sinoante todo amor que se transforme en reconocimiento, respeto eintegración: desde el nacimiento, pasando por la adolescencia y hasta laedad adulta y el momento delicado, vivido con conmoción por muchospadres, en que se separan de sus hijos, el momento del "después de

    nosotros". Queridos hermanos, queremos compartir vuestras pruebas yvuestros inevitables momentos de desaliento, para iluminarlos con la luz de lafe y con la esperanza de la solidaridad y del amor.

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    5. Con vuestra presencia, amadísimos hermanos y hermanas, reafirmáisque la minusvalidez no es sólo necesidad, sino también y sobre todo impulsoy estímulo. Ciertamente, es petición de ayuda, pero ante todo es desafíofrente a los egoísmos individuales y colectivos; es invitación a formas siemprenuevas de fraternidad. Con vuestra realidad, cuestionáis las concepciones dela vida vinculadas únicamente a la satisfacción, la apariencia, la prisa y la

    eficiencia.También la comunidad eclesial se pone respetuosamente a la escucha;siente la necesidad de dejarse interpelar  por la vida de muchos de vosotros,marcados misteriosamente por el sufrimiento y por el malestar deenfermedades congénitas o adquiridas. Quiere estar más cerca de vosotros yde vuestras familias, consciente de que la falta de atención agrava elsufrimiento y la soledad, mientras que la fe testimoniada mediante el amor yla gratuidad da fuerza y sentido a la vida.A cuantos tienen responsabilidades políticas en todos los niveles, quisierapedirles, en esta solemne circunstancia, que traten de asegurar condicionesde vida y oportunidades en las que vuestra dignidad , queridos hermanos yhermanas discapacitados, sea reconocida y tutelada efectivamente. En unasociedad rica en conocimientos científicos y técnicos, es posible y obligatoriohacer mucho más, según los diversos modos que exige la convivencia civil: enla investigación biomédica para prevenir la minusvalidez, en la atención, enla asistencia, en la rehabilitación y en la nueva integración social.Se deben tutelar vuestros derechos civiles, sociales y espirituales; pero esmás importante aún salvaguardar las relaciones humanas: relaciones deayuda, de amistad y de comunión. Por eso hay que promover formas de

    asistencia y rehabilitación que tengan en cuenta la visión integral de lapersona humana.

    TEXTO 7Escatología universal:

    la humanidad en camino hacia el PadreJuan Pablo II, 26 de mayo de 1999 

    1.  El tema sobre el que estamos reflexionando en este último año depreparación para el jubileo, es decir, el camino de la humanidad hacia el Padre,nos sugiere meditar en la perspectiva escatológica, o sea, en la meta final de lahistoria humana. Especialmente en nuestro tiempo todo procede con increíblevelocidad, tanto por los progresos de la ciencia y de la técnica como por el influjode los medios de comunicación social. Por eso, surge espontáneamente lapregunta: ¿cuál es el destino y la meta final de la humanidad? A este interroganteda una respuesta específica la palabra de Dios, que nos presenta el designio desalvación que el Padre lleva a cabo en la historia por medio de Cristo y con la obradel Espíritu.

    En el Antiguo Testamento es fundamental la referencia al Éxodo, con suorientación hacia la entrada en la Tierra prometida. El Éxodo no es solamente un

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    acontecimiento histórico, sino también la revelación de una actividad salvífica deDios, que se realizará progresivamente, como los profetas se encargan de mostrar,iluminando el presente y el futuro de Israel.

    2.  En el tiempo del exilio, los profetas anuncian un nuevo Éxodo, un regresoa la Tierra prometida. Con este renovado don de la tierra, Dios no sólo reunirá asu pueblo disperso entre las naciones; también transformará a cada uno en su

    corazón, o sea, en su capacidad de conocer, amar y obrar: «Yo les daré un nuevocorazón y pondré en ellos un espíritu nuevo: quitaré de su carne el corazón depiedra, y les daré un corazón de carne, para que caminen según mis preceptos,observen mis normas y las pongan en práctica, y así sean mi pueblo y yo sea suDios» (Ez 11, 19-20; cf. 36, 26-28).

    El pueblo, esforzándose por cumplir las normas establecidas en la alianza,podrá habitar en un ambiente parecido al que salió de las manos de Dios en elmomento de la creación: «Esta tierra, hasta ahora devastada, se ha hecho comojardín de Edén, y las ciudades en ruinas, devastadas y demolidas, están de nuevofortificadas y habitadas» (Ez 36, 35). Se tratará de una alianza nueva, concretadaen la observancia de una ley escrita en el corazón (cf. Jr 31, 31-34).

    Luego la perspectiva se ensancha y se anuncia la promesa de una nuevatierra. La meta final es una nueva Jerusalén, en la que ya no habrá aflicción,como leemos en el libro de Isaías: «He aquí que yo creo cielos nuevos y tierranueva (…). He aquí que yo voy a crear para Jerusalén alegría, y para su pueblogozo. Y será Jerusalén mi alegría, y mi pueblo mi gozo, y no se oirán más en ellallantos ni lamentaciones» (Is 65, 17-19).

    3.  El Apocalipsis recoge esta visión. San Juan escribe: «Luego vi un cielonuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra

    desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén,que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para suesposo» (Ap 21, 1-2).

    El paso a este estado de nueva creación exige un compromiso de santidad,que el Nuevo Testamento revestirá de un radicalismo absoluto, como se lee en lasegunda carta de san Pedro: «Puesto que todas estas cosas han de disolverse así,¿cómo conviene que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad, esperando yacelerando la venida del día de Dios, en el que los cielos, en llamas, se disolverán,y los elementos, abrasados, se fundirán? Pero esperamos, según nos lo tiene

    prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia» (2 P 3, 11-13).

    4.  La resurrección de Cristo, su ascensión y el anuncio de su regresoabrieron nuevas perspectivas escatológicas. En el discurso pronunciado al final dela cena, Jesús dijo: «Voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os hayapreparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéistambién vosotros» (Jn 14, 2-3). Y san Pablo escribió a los Tesalonicenses: «ElSeñor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios,bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después

    nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes,junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre conel Señor» (1 Ts 4, 16-17).

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      No se nos ha informado de la fecha de este acontecimiento final. Es precisotener paciencia, a la espera de Jesús resucitado, que, cuando los Apóstoles lepreguntaron si estaba a punto de restablecer el reino de Israel, respondióinvitándolos a la predicación y al testimonio: «A vosotros no os toca conocer eltiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréisla fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en

    Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1, 7-8).5. La tensión hacia el acontecimiento hay que vivirla con serena esperanza,comprometiéndose en el tiempo presente en la construcción del reino que al finalCristo entregará al Padre: «Luego, vendrá el fin, cuando entregue a Dios Padre elreino, después de haber destruido todo principado, dominación y potestad» (1Co 15, 24). Con Cristo, vencedor sobre las potestades adversarias, tambiénnosotros participaremos en la nueva creación, la cual consistirá en una vueltadefinitiva de todo a Aquel del que todo procede. «Cuando hayan sido sometidas aél todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometidoa él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos» (1 Co 15, 28).

    Por tanto, debemos estar convencidos de que «somos ciudadanos del cielo,de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo» (Flp 3, 20). Aquí abajo notenemos una ciudad permanente (cf. Hb 13, 14). Al ser peregrinos, en busca deuna morada definitiva, debemos aspirar, como nuestros padres en la fe, a unapatria mejor, «es decir, a la celestial» (Hb 11, 16).

    TEXTO 8ADVIENTO CON BENEDICTO XVI 

    ÁNGELUS, 2 de diciembre de 2012El primer tiempo de este itinerario es el Adviento, formado, en el Rito Romano,por las cuatro semanas que preceden a la Navidad del Señor, esto es, el misteriode la Encarnación. La palabra «adviento» significa «llegada» o «presencia». En elmundo antiguo indicaba la visita del rey o del emperador a una provincia; en ellenguaje cristiano se refiere a la venida de Dios, a su presencia en el mundo; unmisterio que envuelve por entero el cosmos y la historia, pero que conoce dosmomentos culminantes: la primera y la segunda venida de Cristo. La primera esprecisamente la Encarnación; la segunda el retorno glorioso al final de los

    tiempos. Estos dos momentos, que cronológicamente son distantes —y no se nos esdado saber cuánto—, en profundidad se tocan, porque con su muerte yresurrección Jesús ya ha realizado esa transformación del hombre y del cosmosque es la meta final de la creación. Pero antes del fin, es necesario que elEvangelio se proclame a todas las naciones, dice Jesús en el Evangelio de sanMarcos (cf. 13, 10). La venida del Señor continúa; el mundo debe ser penetradopor su presencia. Y esta venida permanente del Señor en el anuncio del Evangeliorequiere continuamente nuestra colaboración; y la Iglesia, que es como la Novia,la Esposa prometida del Cordero de Dios crucificado y resucitado (cf. Ap 21, 9), en

    comunión con su Señor colabora en esta venida del Señor, en la que ya comienzasu retorno glorioso.A esto nos llama hoy la Palabra de Dios, trazando la línea de conducta a seguirpara estar preparados para la venida del Señor. En el Evangelio de Lucas, Jesús

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    dice a los discípulos: «Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestroscorazones con juergas, borracheras y la inquietudes de la vida... Estad despiertosen todo tiempo, rogando» (Lc 21, 34.36). Por lo tanto, sobriedad y oración. Y elapóstol Pablo añade la invitación a «crecer y rebosar en el amor» entre nosotros yhacia todos, para que se afiancen nuestros corazones y sean irreprensibles en lasantidad (cf. 1 Ts 3, 12-13). En medio de las agitaciones del mundo, o los desiertos

    de la indiferencia y del materialismo, los cristianos acogen de Dios la salvación yla testimonian con un modo distinto de vivir, como una ciudad situada encima deun monte. «En aquellos días —anuncia el profeta Jeremías—  Jerusalén vivirátranquila y será llamada “El Señor es nuestra justicia”» (33, 16). La comunidad delos creyentes es signo del amor de Dios, de su justicia que está ya presente yoperante en la historia, pero que aún no se ha realizado plenamente y, por ello,siempre hay que esperarla, invocarla, buscarla con paciencia y valor.La Virgen María encarna perfectamente el espíritu de Adviento, hecho de escuchade Dios, de deseo profundo de hacer su voluntad, de alegre servicio al prójimo.Dejémonos guiar por ella, a fin de que el Dios que viene no nos encuentrecerrados o distraídos, sino que pueda, en cada uno de nosotros, extender un pocosu reino de amor, de justicia y de paz.

    18 de noviembre de 2012 En este penúltimo domingo del año litúrgico, se proclama, en la redacción de SanMarcos, una parte del discurso de Jesús sobre los últimos tiempos (cf. Mc 13, 24-32). Este discurso se encuentra, con algunas variaciones, también en Mateo yLucas, y es probablemente el texto más difícil del Evangelio. Tal dificultad derivatanto del contenido como del lenguaje: se habla de un porvenir que supera

    nuestras categorías, y por esto Jesús utiliza imágenes y palabras tomadas delAntiguo Testamento, pero sobre todo introduce un nuevo centro, que es Él mismo,el misterio de su persona y de su muerte y resurrección. También el pasaje de hoyse abre con algunas imágenes cósmicas de género apocalíptico: «El sol seoscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astrosse tambalearán» (v. 24-25); pero este elemento se relativiza por cuanto le sigue:«Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria»(v. 26). El «Hijo del hombre» es Jesús mismo, que une el presente y el futuro; lasantiguas palabras de los profetas por fin han hallado un centro en la persona del

    Mesías nazareno: es Él el verdadero acontecimiento que, en medio de lostrastornos del mundo, permanece como el punto firme y estable.Ello se confirma con otra expresión del Evangelio del día. Jesús afirma: «El cielo yla tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (v. 31). En efecto, sabemos queen la Biblia la Palabra de Dios está en el origen de la creación: todas las criaturas,empezando por los elementos cósmicos —sol, luna, firmamento—, obedecen a laPalabra de Dios, existen en cuanto que son «llamados» por ella. Esta potenciacreadora de la Palabra divina se ha concentrado en Jesucristo, Verbo hecho carne,y pasa también a través de sus palabras humanas, que son el verdadero

    «firmamento» que orienta el pensamiento y el camino del hombre en la tierra. Poresto Jesús no describe el fin del mundo, y cuando utiliza imágenes apocalípticas,no se comporta como un «vidente». Al contrario, Él quiere apartar a sus discípulos—de toda época—  de la curiosidad por las fechas, las previsiones, y desea en

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    cambio darles una clave de lectura profunda, esencial, y sobre todo indicar elsendero justo sobre el cual caminar, hoy y mañana, para entrar en la vida eterna.Todo pasa —nos recuerda el Señor—, pero la Palabra de Dios no muta, y ante ellacada uno de nosotros es responsable del propio comportamiento. De acuerdo conesto seremos juzgados.Queridos amigos: tampoco en nuestros tiempos faltan calamidades naturales, y

    lamentablemente ni siquiera guerras y violencias. Hoy necesitamos también unfundamento estable para nuestra vida y nuestra esperanza, tanto más a causa delrelativismo en el que estamos inmersos. Que la Virgen María nos ayude a acogereste centro en la Persona de Cristo y en su Palabra

    TEXTO 9La parusía en la predicación de san Pablo 

    Benedicto XVI El tema de la Resurrección, sobre el que hablamos la semana pasada, abre unanueva perspectiva, la de la espera de la vuelta del Señor y, por ello, nos lleva areflexionar sobre la relación entre el tiempo presente, tiempo de la Iglesia y delreino de Cristo, y el futuro (éschaton) que nos espera, cuando Cristo entregará elReino al Padre (cf.1 Co 15, 24). Todo discurso cristiano sobre las realidadesúltimas, llamado escatología, parte siempre del acontecimiento de laResurrección: en este acontecimiento las realidades últimas ya han comenzado y,en cierto sentido, ya están presentes.Probablemente en el año 52 san Pablo escribió la primera de sus cartas, laprimera carta a los Tesalonicenses, donde habla de esta vuelta de Jesús,

    llamada parusía, adviento, nueva, definitiva y manifiesta presencia (cf. 1 Ts 4, 13-18). A los Tesalonicenses, que tienen sus dudas y problemas, el Apóstol escribeasí: "Si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevaráconsigo a quienes murieron en Jesús" (1 Ts 4, 14). Y continúa: "Los que murieronen Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los quequedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señoren los aires, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Ts  4, 16-17). San Pablodescribe la parusía de Cristo con acentos muy vivos y con imágenes simbólicas,pero que transmiten un mensaje sencillo y profundo: al final estaremos siempre

    con el Señor. Este es, más allá de las imágenes, el mensaje esencial: nuestrofuturo es "estar con el Señor"; en cuanto creyentes, en nuestra vida ya estamoscon el Señor; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado.En la segunda carta a los Tesalonicenses, san Pablo cambia la perspectiva; hablade acontecimientos negativos, que deberán suceder antes del final y conclusivo.No hay que dejarse engañar —dice—  como si el día del Señor fueraverdaderamente inminente, según un cálculo cronológico: "Por lo que respecta ala venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos,hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestros ánimos, ni os

    alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por algunacarta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el día delSeñor. Que nadie os engañe de ninguna manera" (2 Ts 2, 1-3). La continuación deeste texto anuncia que antes de la venida del Señor tiene que llegar la apostasía y

  • 8/20/2019 I Domingo de Adviento - sugerencias para la homilía

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    se revelará un no bien identificado "hombre impío", el "hijo de la perdición" (2Ts 2, 3), que la tradición llamará después el Anticristo.Pero la intención de esta carta de san Pablo es ante todo práctica; escribe:"Cuando estábamos entre vosotros os mandábamos esto: si alguno no quieretrabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado de que hay entrevosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose

    en todo. A esos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a quetrabajen con sosiego para comer su propio pan" (2 Ts 3, 10-12). En otras palabras,la espera de la parusía de Jesús no dispensa del trabajo en este mundo; alcontrario, crea responsabilidad ante el Juez divino sobre nuestro obrar en estemundo. Precisamente así crece nuestra responsabilidad de trabajar en y para estemundo. Veremos lo mismo el domingo próximo en el pasaje evangélico de lostalentos, donde el Señor nos dice que ha confiado talentos a todos y el Juez nospedirá cuentas de ellos diciendo: ¿Habéis dado fruto? Por tanto la espera de suvenida implica responsabilidad con respecto a este mundo.En la carta a los Filipenses, en otro contexto y con aspectos nuevos, aparece esamisma verdad y el mismo nexo entre parusía —vuelta del Juez-Salvador— y nuestrocompromiso en la vida. San Pablo está en la cárcel esperando la sentencia, quepuede ser de condena a muerte. En esta situación piensa en su futuro "estar con elSeñor", pero piensa también en la comunidad de Filipos, que necesita a su padre,san Pablo, y escribe: "Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero siel vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger. Me sientoapremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, locual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en lacarne es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y

    permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe, a fin de quetengáis por mi causa un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús, cuando yo vuelvaa estar entre vosotros" (Flp 1, 21-26).San Pablo no tiene miedo a la muerte; al contrario: de hecho, la muerte indica elcompleto estar con Cristo. Pero san Pablo participa también de los sentimientosde Cristo, el cual no vivió para sí mismo, sino para nosotros. Vivir para los demásse convierte en el programa de su vida y por ello muestra su perfectadisponibilidad a la voluntad de Dios, a lo que Dios decida. Sobre todo, estádisponible, también en el fu


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